Pregunta
Venís pegando la figurita de Messi desde Alemania 2006, cuando era un chico de 18 años que pocos conocían, hasta hoy, ya como capitán campeón del mundo. ¿Hay algún punto de comparación entre conseguir una figurita y otra? O sea, ¿la del Messi de 2006, de 18 años, y la del Messi de 2026?
Respuesta
Bueno, buenas tardes. Hay que ver diferentes cosas técnicas, pero voy a intentar hacértelo lo más resumido posible. La primera respuesta es sí: es muy diferente. A partir de la muerte de Maradona nos enteramos en la Argentina de que en Estados Unidos se coleccionaba mucho la figurita rookie, o sea, la figurita que había salido por primera vez. La primera rookie de Messi fue en España, obviamente, con el Barcelona, en las inferiores, como promesa; pero la primera figurita que salió de Messi en Mundiales fue la del 2006. O sea que ya ahí tenés una comparación gigantesca.
Digamos que pasamos a hablar de un valor de 50 dólares, contra una figurita de Messi de hoy en día que tal vez te sale 1 o 2 dólares. Obviamente, mientras más tiempo pasa para atrás, más valor va a tener. Pero la rookie pasa a ser muy coleccionable, que es lo que pasa también con la de Maradona, con la salvedad de que la del 86 también es muy buscada por el Mundial que jugó. Sí es una gran diferencia la figurita del 2006 de Messi, como rookie, respecto de las demás.
Lo descubrimos acá en la Argentina cuando falleció Maradona: todos los estadounidenses y los europeos empezaron a buscar su figurita rookie, la del 78 con la camiseta de Argentinos Juniors, y se volvió una locura. Desde ahí se tomó la misma tradición de buscar las figuritas de los jugadores que recién salen. En ese momento, me acuerdo, la del 2018 de Lautaro Martínez con la camiseta de Racing, que era su rookie, era recontra buscada porque justo estaba en un gran momento. Se pagaban veinte mil pesos de entonces, que ahora es como si te dijera ochenta mil, y se vendieron todas, aunque había la misma cantidad, porque siempre se fabrica la misma cantidad.
Ese es el primero y el más importante de los puntos. El segundo punto de comparación lo tenemos solamente en la Argentina. Panini es una empresa que crearon los hermanos Panini en Módena, en los 60, con un puesto de revistas: tenían muchas estampitas de flores que nadie compraba y armaron un álbum para que la gente las comprara, que eran tipo figuritas. Cuando empieza a expandirse busca firmas para que otros países también puedan fabricar las figuritas, y Brasil es el elegido: es el que le fabrica las figuritas a la Argentina en el 98, en el 2002 y en el 2006. En el 94 no, porque la concesión de la marca del Mundial la tuvo una marca estadounidense y no tuvimos el álbum de Panini.
El 2006 es el último álbum que fabrica Brasil para la Argentina, porque ahí se instala la fábrica de Panini en el país, con New Rita S.A., y empieza a fabricar las figuritas. Tal vez con una calidad un poquito desmejorada, sin el brillo de las figus especiales, pero ya con una identidad propia: al ser un poquito de menor valor el papel en el que se imprimían, el metalizado venía pleno, no tenía el holograma de Panini. Es la única edición en el mundo, tanto 2010 como 2014, que no tiene holograma: es solamente el plateado. Después 2010, 2014 y 2018 pasan a ser argentinas, 2022 también, pero en el 2018 y el 2022 ya adoptan el holograma, así que pasan a ser como la italiana, la brasilera, como las de todo el mundo.
Pregunta
Vos tenés álbumes de casi todos los Mundiales. Comparando lo que costaba llenarlos antes con lo que cuesta hoy, ¿hubo un Mundial puntual donde sentiste que el álbum se volvió caro, de decir “che, este está caro para llenarlo”? ¿Te acordás cuál y por qué?
Respuesta
En lo que es la marca Panini, va muy en lo personal de cada uno, porque no todos pasan la misma situación económica. Para mí, por ejemplo, el 2002 de Corea-Japón fue un álbum que no pude juntar directamente, porque ni pensé en juntarlo: estaba en una situación económica muy mala.
Que me acuerde, siempre fue caro el álbum de Panini, y estamos hablando del álbum oficial; hay un montón de álbumes alternativos que salen en diferentes lugares. Pero hablando específicamente de Panini y de los que salieron de Messi: el 2014 fue el que más fácil se me hizo, llegué a hacer tres. El 2010 hice uno. El 2006 lo arranqué pero no lo completé. El 2002, por el tema de la distribución, se hizo imposible llenarlo: esperé a que todos lo terminaran y recién ahí me puse a coleccionar. Fue meramente un tema de que todos tenían la plata ahí, decían “bueno, queremos”, y no había sobres, más o menos como lo que sucede ahora.
Para este tipo de cosas, que son bienes superfluos, que no son de primera necesidad, siempre aparece plata. Fijate que hasta la gente de más escasos recursos siempre se hace las ideas para coleccionar. Pero sí te diría que, de todos los de Messi, el que más vi como caro fue el del 2006, también porque veníamos en un momento donde el país venía un quilombo gigante: nadie estaba pensando en llenar muchos álbumes.
Sí te puedo decir que en el 94, cuando veía que un sobre valía 25 centavos, me pareció una locura. Me acuerdo de que mi viejo me compró un álbum con tres sobres, y esas 12, 15 figuritas que pegué fueron todo; así estuvo durante años, hasta que lo llené, ya a partir del 2008, 2009, cuando se me dio por completar los álbumes viejos que había dejado.
Pero en precio dólar, si te ponés a pensar, las figuritas del 2022 y las de ahora son exactamente el mismo precio. Pensá que un sobre ahora está en 2.500 pesos: sería aproximadamente casi 2 dólares. Es el mismo precio que pagamos en el 2022, y sería el mismo que estaríamos pagando en el 2018. Lo que pasa es que, aunque el precio dólar sea el mismo, porque es un precio internacional como el del combustible, el valor de nuestro peso está degradado un montón y no tiene el mismo poder de adquisición que otros años.
Como para resumir: el 2006, el que ni la mitad completé. El 2022, por temas de stock, lo llené después, igual que este. El más fácil, el 2014. El 2018, con los canjes que explotaron en las redes sociales, lo llené rápido. Y el 2010 lo arranqué y me faltaron pocas.
Desde el 2014, además, armé los grupos de coleccionismo, y toda la gente venía a cambiar a mi negocio: pasaban 10, 20 personas por día, aunque no me dedico a vender figuritas sino a la parte textil. Lo teníamos como punto de canje, era re fácil. Y era algo muy novedoso para todos en ese momento, la idea de volver a juntarse. La mayoría era gente grande, que es la diferencia que yo marco entre los Mundiales: cuánta gente joven hay, cuánta gente grande. En el 2014 y el 2018, con los grupos que armamos, explotó totalmente: eran todos gente vieja como yo. Y en el 2022 apareció una generación de chicos a intercambiar que antes no estaba, chicos de 5 a 15 años.
Pregunta
Una de las preguntas que te íbamos a hacer, cuál de los álbumes te resultó más difícil de terminar, no solo en plata sino en esfuerzo, ya nos la respondiste. Así que vamos a la anteúltima. La juntada de la Taberna pasó de 10 personas a cientos. ¿Por qué creés que el álbum convoca cada vez más adultos? Cuando vos y yo éramos chicos, juntar figuritas era algo básicamente de chicos, y hoy cada vez somos más los adultos juntando.
Respuesta
Le doy dos puntos a eso. El primero es que nosotros de chicos no teníamos la capacidad de coleccionar. Si nos ponemos a pensar, el coleccionismo arrancó como un hobby de adultos: las figuritas venían en los atados de cigarrillos y en los chocolates, que en esa época no eran cosa de chicos. Los caramelos eran para los niños; los chocolates eran para regalarle a una novia, a una abuela. Era un nicho muy pequeño, y las figuritas, que eran cartones, venían para adultos. Recién en alguna época, yo creo que en los 70, los 80, empezó a ser algo para niños.
Después eso decayó, y lo que vieron muchas empresas fue que el comercio era mucho más grande si les vendían a los chicos, porque no hay nada más insistente que un niño intentando coleccionar un álbum. Y yo creo que en el 2014, cuando armé el grupo, fue despertar esa sensación en los adultos: esas ganas de llenar un álbum que no habían podido tener de chicos, por las capacidades monetarias, y de repente se encontraban con la idea de que “che, ahora yo puedo llenarlo”. Se despertó eso de una forma expansiva. En el 2014, de todos los que venían a completar el álbum no había un solo niño, eran todos adultos. Y la excusa era “voy a llevar al pibe a la plaza para que complete el álbum”. Venían y me decían “che, estoy completando el álbum para mi sobrino”, y yo: “dejá de joder, si ya sé que es para vos, estamos todos en la misma”. Y se reían y decían “y sí, la verdad que sí”.
Ibas a la plaza y estaban los pibes jugando a la pelota en un costado, y del otro lado los adultos cambiando. Ese cambio generacional que se volvió a ver en el 2014 y el 2018 creo que tuvo un gran impacto en los niños, al ver que a los adultos les gustaba tanto, y en el 2022 los trajo, creo, a todos los chicos. Fue increíble cómo cambió. Y lo veo en este Mundial: la cantidad de videos de nenitos en TikTok, en Facebook, en Instagram, todos cambiando, abriendo a ver qué les toca, y “contame cómo fue el álbum que coleccionaste vos, cuál fue el primero, y tu papá coleccionaba, y tu abuelo”. Ha vuelto a renacer el intercambio.
Al mismo tiempo, las marcas, como Panini, Upper Deck, Topps, Fanatics, han encontrado un equilibrio entre el nicho del coleccionismo para adultos y para niños. El álbum pasó a ser como el juguete del niño: tomá el álbum, llenalo. Y a los adultos también les dieron su juguete, que es el de las cartas limitadas, numeradas, paralelas. Hay un montón: están las colecciones nórdicas, las estadounidenses, las italianas, las sudamericanas, y ahora te vienen con firmas de jugadores, con pedacitos de camiseta en las cartas. Se amplió todo sin descuidar lo tradicional, lo más sencillo para que un niño coleccione, y sin descuidar al adulto que tiene la capacidad de invertir un poco de plata a ver si le toca una carta con la firma de Julián Álvarez o hasta de Messi, que se venden a precios estratosféricos.
En la Argentina también se sacaron cartas instantáneas: durante dos torneos, si un jugador hacía un gol, pum, sacaban la carta, no importaba si era de Gimnasia o si salía campeón Central Córdoba, y la comprabas anticipada, de preventa. Digamos que las figuritas se expandieron a diferentes ámbitos para no descuidar ni las edades ni los géneros. Antes las figuritas para mujeres estaban bien marcadas: tenían que ser Frutillitas, Ositos Cariñositos y nada más. Hoy en día, con el tema de los Mundiales, a las mujeres las veo hasta más fanatizadas con el deporte: siguen a los jugadores, conocen a todos, se saben la formación. Todos están incluidos en las figuritas. Es lo que intentan hacer desde todos los puntos de vista del coleccionismo: no descuidar a ninguno y que todos sean partícipes, porque en las plazas ves a los padres, a los abuelos, a los tíos, a las sobrinas, a los primos, a todos.
Pregunta
La última, para no abusar de tu buena voluntad y predisposición. Es la más personal: ¿te acordás de la sensación que tuviste cuando completaste tu primer álbum? ¿Qué te genera conseguir la última figurita?
Respuesta
Es una pregunta que cala mucho, que pega en el centro del corazón. Yo siempre lo digo cuando me entrevistan: venimos a sufrir en la vida, se trata de padecer, y el padecer son pasiones. Una de mis pasiones son las figuritas.
Una de las cosas que más me mantuvo en el tema fue no haber podido completar un solo álbum durante toda mi infancia. En los noventa, todos los álbumes, a excepción de los de los Mundiales, que para mí siempre fueron bastante caros, podías empezarlos pero no terminarlos. Me pasaba con los de fútbol, los Ultra Figus que salían acá, los de Cromy: comprabas el álbum, tal vez en algún cumpleaños te regalaban el álbum y un par de paquetes, y chau, eso era todo tu coleccionismo. Y las colecciones extraoficiales traían figurita difícil: en Reino Natural, la edición que junté yo en los 90, era el escarabajo estercolero, como en la primera edición había sido la tarántula, tan complicada de conseguir. La de Golazo traía difícil la de Cipolletti; la de Canchitas, el Frankenstein árbitro; otras, el florista, el director técnico, el relator deportivo, todas esas cosas.
Somos cuatro hermanos, dos mujeres y dos varones, y todos teníamos el álbum completo sin esa, sin la difícil. Creo que una de las cosas que más me hizo seguir coleccionando, y no aceptar la posibilidad de que no lo podía lograr, fue no haber podido completar un solo álbum de joven.
Claro que me acuerdo del primer álbum que llené completo: el del Mundial del 98, obviamente. Y creo que de ahí partió mucho mi idea del 2014 de reunir a la gente a completar. En el álbum del 98 de Panini, en la última página, tenías una información: mandá un sobre por correo con las figuritas que te faltan y te las mandamos, o acercate a nuestro distribuidor. Y justo había un distribuidor en Mendoza. Ese Mundial mi viejo se puso la camiseta y dijo “bueno, ahora sí vamos a completar un álbum”. Yo ya tenía 11 años y me ayudó mucho; bah, las figuritas me las compraba él. Cuando me faltaban las últimas cinco fuimos al distribuidor, sacó una caja gigante de figuritas y me dijo: “ahí tenés todas sueltas, buscalas”. Claro, Panini no tiene difíciles. Busqué las cinco que me faltaban y me dijo: “y vos tirá las repetidas que quieras; si querés tirar cinco, tirá cinco; si querés tirar todas, tirá todas, no importa: el que venga atrás lo vas a ayudar a completar”. Saqué las cinco y tiré todas mis repetidas ahí. Ya está: había completado mi primer álbum de Mundial yo. Tenía el del 94, y el del 90 que había juntado mi hermano, pero no los habíamos podido completar.
Después llené también el de cartas de Pokémon en el 98, el de Maradona en el 99, esos que llegaban al kiosco y te entregaban cualquier huevada de juguete: los cositos que apretás los botones y sale el agua, los anillitos que tenés que embocar. Pero si hablamos de los álbumes que traían figuritas difíciles, nunca pude llenar uno; siempre me había quedado la pica en la cabeza. Aunque seguí completando toda mi vida los álbumes de los Mundiales a medida que iban saliendo, ya Panini se había hecho muy fuerte, ya no existía la figurita difícil, podías pedirla con el servicio de álbum lleno. Me puse mis metas: completar todos los álbumes de fútbol desde el 92, que fue el primero de Ultra Figus, hasta la actualidad, y los tengo todos. Las difíciles las empecé a completar en el 2012, 2013, gracias a las redes sociales. Cuando vi la capacidad de las redes me puse a completar también álbumes viejos, de los 70, de los 60, de los 80; tengo álbumes del 30, del 40. Ya no había límite. Y lo más lindo fue que cuando estaban los remates de Mercado Libre, que recién arrancaban, no estaban todos locos con las figuritas como hoy: valían mucho menos y había un mercado gigante. Hasta el día de hoy pienso: qué estúpido, ¿cómo no compré más?
¿Qué sentí cuando llené mi primer álbum, el del 98? Satisfacción total, una felicidad increíble. Es el álbum que todavía tengo guardado ahí, como mi primer trofeo. Y el segundo trofeo, el que entra en la parte sentimental, pasional, el que tiene la esencia de las figuritas, fue el Reino Natural del 94. Hace tres meses conseguí la figurita difícil, la dorada, que yo veía que mi vecino tenía repetida dos veces y nunca me la quiso cambiar; me acuerdo cómo se burlaba, me decía “mirá, mirá”. La conseguí y la pude pegar en el álbum. Esa sensación, ya de grande… sé que no puedo volver el tiempo atrás y darle a mi yo de chiquito la figurita, pero bueno, algo se puede hacer. Lo pude completar y fue como cerrar un pedacito de una etapa, de eso que buscamos en la vida: poder completar cosas, aunque sea tan tonto como un papel de colores.